Número 163

Número: 
163
Año: 
2011
Periodicidad: 
trimestral
Periodo: 
octubre-diciembre

Ya somos 7.000 millones
Con el nacimiento de la niña filipina, Danica Mae Camacho, el 30 de octubre de 2011, se alcanzó la enorme cifra de 7 mil millones de habitantes, mejor, de seres humanos, ya que los animales y las plantas también habitan este planeta. La adjudicación no fue nadafácil, ya que varios países se presentaron como candidatos al premio, ya que el neonato recibiría un premio por parte de Naciones Unidas. Bueno, lo de unidas en los tiempos que corren parece una broma de mal gusto, pues la unidad no se vislumbra por ninguna parte, no la hay ni en los social ni en lo político. Y en lo referente al tema económico, lo de unidad está a años luz de ser una realidad. Como dirían nuestros vecinos de allende la frontera pirenaica: “rien de rien”. Pero si alguien duda de lo dicho anteriormente que se lo pregunte a griegos, italianos, islandeses o los sufridos portugueses, etc.

A nosotros que no se molesten en preguntarnos, parece que la cosa no nos va tan mal, ya que ante los atropellos de políticos, banqueros, empresarios y sindicatos pactistas, nuestra respuesta ha sido: ir a depositar el voto para que sigan viviendo del cuento los de siempre. Aquí se hizo un día de paro, convocado por los domesticados sindicatos, el cual fue un verdadero fracaso, ya que ni ellos mismos creían en ello. Recuérdese que se convocó el paro cuando ya el Gobierno socialista (¡tan de izquierdas él!) ya había aprobado, en un Consejo de Ministros, el Decreto/ Ley que suponía más sacrificios para la clase trabajadora. Esa clase a la que dicen representar de manera mayoritaria (ironías de la estadística: sólo un quince por ciento, como mucho, de las trabajadoras y trabajadores están afiliados a algún sindicato), pero que en la práctica diaria no se atreven a enfrentarse de verdad a la casta política y a los poderes de la banca, no sea que entre los unos y los otros terminen sin poltronas y sin préstamos para mantener su aparato burocrático. Cuánta envidia nos dio ver al pueblo griego, a su clase trabajadora, convocando tantas jornadas delucha y saliendo a la calle a dar la cara por defendersus derechos

Ya somos siete mil millones de personas (en este pequeño y maltratado planeta), o lo que es lo mismo, ya hay unos cuantos millones más de pobres. Ya podemos decir que cada minuto, cada hora, cada día, cada año el número de seres humanos que mueren por enfermedades, hambrunas o desastres naturales será mayor, ya que mientras no cambie el sistema basado en la especulación y el latrocinio, mientras el ser humano y sus necesidades básicas (alimentación, salud, educación, desarrollo personal, etc.) sean para el neoliberalismo simples mercancías con las que especular y amasar más y más grandes fortunas, la pobreza y el hambre en el mundo no parará de crecer. Recordemos que cada vez los ricos son más ricos y cada vez hay más personas que mueren por el egoísmo sin límites de quienes se esconden tras el cobarde nombre de “mercados”. Pensamos que nada mejor que esta editorial para dar algunos datos sobre cuánto afecta la pobreza y el hambre a esos 7 mil millones de habitantes. Se dice que una imagen vale por mil palabras, bueno no siempre es así, ya que a veces una palabra vale por esa misma cantidad de imágenes. Así pues, algún dato puede valer por muchas imágenes.

Unos 3.500 millones de personas son pobres o están al límite de serlo, por lo tanto nada menos que la mitad de la población total del planeta. 1.000 millones son los que cada día se acuestan con hambre en el cuerpo. 200 millones tienen desnutrición crónica. 11 millones de niños mueren al año por hambre o por alimentación inadecuada. Mueren por falta de vitaminas, minerales, la contaminación de los alimentos y de las aguas. Téngase en cuenta que un 13% de la población mundial no tiene agua potable. El 38% están sin servicios sanitarios. Y así podríamos continuar hasta llenar varias páginas. ¿Cómo pensar en otras cosas: analfabetismo, vivienda y desarrollo personal, cuando lo más básico no está cubierto?

Muchos y variados son los factores que hacen que un pueblo, o parte de él, esté en la extrema pobreza o cerca de ella: cultura, forma de poder político, forma de comportase los que tienen la riqueza, la religión dominante y su actuación a favor o en contra de los más débiles, su trayectoria histórica, etc

Y uno se pregunta: ¿Cómo es posible que con los medios tan sofisticados que el progreso ha puesto en manos de la humanidad, no se pueda conseguir erradicar el hambre y muchas de las enfermedades que azotan, tan cruelmente, a tantos millones de seres humanos esparcidos por el planeta?

La respuesta no es algo cargado de misterio. La respuesta es muy fácil de entender. Nos la proporciona el Relator Especial de la ONU para el Derecho a la Alimentación, el suizo Jean Ziegler, cuando afirma, en una entrevista para televisión española, que la culpa de la dramática situación en que vive parte de la humanidad la tienen los bancos, los gobiernos y las multinacionales, con su apuesta por la especulación de los productos agrícolas. Califica de actividad criminal la que realizan los especuladores bursátiles -siete grandes bancos- con productos como el trigo, el maíz y otros cereales.

El hambre no se debe a la fatalidad, sino al Sistema Económico Internacional, que no pone coto a la especulación de los centros de poder, sobre todo el de Chicago. Cuando estalló en Estados Unidos la burbuja de los punto com, el centro de poder se trasladó de Nueva York a Chicago. Desde ese centro de poder económico se apostó por especular con las materias primas relacionadas con la alimentación. Fue especulando con el precio de los productos alimentarios básicos cómo amasaron inmensas fortunas en un breve período de tiempo. Los precios de las materias primas subieron de tal manera que el setenta por ciento de lo que se ganaba tenía que ir a comprar esas materias que los países no podían producir al no contar con los medios adecuados. Nada menos que 37 países dependían de esas compras. Y los precios a esas compras los ponía y los pone la Bolsa. Por lo tanto el hambre de millones de personas viene dada por las cotizaciones bursátiles de los productos básicos para la alimentación de la humanidad, al menos de una buena parte de ella.

Es el mismo sociólogo suizo el que aporta un dato que clarifica mucho la cuestión del hambre a escala mundial. Para él, gran conocedor del tema, la agricultura podría alimentar, si no hubiera especulación, a una población mundial de 12.000 millones de personas. ¡Casi el doble de la población actual!

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enero-marzo 2012